Nunca he querido

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Fotografía: Young Heart

Nunca he querido otra cosa que ser feliz. Ni dinero, ni lujos, ni mucho menos fama. Lo único que he querido en esta vida es un cuaderno donde escribir, un trabajo que me haga sentir útil, unos amigos que me digan a la cara las verdades y por la espalda me abracen, y el privilegio de ver un atardecer en el mar los últimos días de agosto. Nunca he querido otra cosa que una vida tranquila, sin más sobresaltos que los que produce una mirada de complicidad, un guiño inesperado, un baile con susurros en el cuello. Nunca he querido otra cosa que tener siempre un libro por empezar, un proyecto en el que trabajar, un motivo para brindar.
En mi carta a los Reyes Magos jamás había peticiones descabelladas, ni grandes tesoros; la escribía con el puño apretado, con la letra temblorosa de quien está tan agradecida por lo que tiene, que le da miedo romper el saco de la avaricia. Salud, salud, salud. Para mamá, para papá, para los abuelos y para mis hermanos. Salud. Salud. Salud. Y aquel anhelo infantil se convirtió en tradición a base de desgastarlo cada año al soplar las velas, como si el miedo a desear otra cosa que no fuera salud, pudiera arrebatarme lo más preciado. Nunca he querido otra cosa que tener a mi lado a quien quiero, aunque a veces sea difícil la convivencia con ellos. Pero, un buen día comprendí que tampoco estaba en mi mano repartir la suerte entre mis seres queridos, y, entonces, me dediqué a quererles mucho mientras la vida me otorgara el inmenso privilegio de tenerles a mi lado. Nunca he querido otra cosa que sentir eternamente ese cosquilleo en el estómago de los primeros besos, esa burbuja de placer al darle la mano a la persona amada, ese regocijo, casi arrogante, de experimentar y presumir el amor correspondido, durara lo que durara.
Ya ves, nunca he querido otra cosa que ser feliz, y desde que tú estás conmigo, no he querido otra cosa que qué elijas compartir tu felicidad junto a mí.

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Fotografía: Rae Lynn

Nunca he querido otra cosa que ser feliz. Ni dinero, ni lujos, ni mucho menos fama. Lo único que he querido en esta vida es un cuaderno donde escribir, un trabajo que me haga sentir útil, unos amigos que me digan a la cara las verdades y por la espalda me abracen, y el privilegio de ver un atardecer en el mar los últimos días de agosto. Nunca he querido otra cosa que una vida tranquila, sin más sobresaltos que los que produce una mirada de complicidad, un guiño inesperado, un baile con susurros en el cuello. Nunca he querido otra cosa que tener siempre un libro por empezar, un proyecto en el que trabajar, un motivo para brindar.

En mi carta a los Reyes Magos jamás había peticiones descabelladas, ni grandes tesoros; la escribía con el puño apretado, con la letra temblorosa de quien está tan agradecida por lo que tiene, que le da miedo romper el saco de la avaricia. Salud, salud, salud. Para mamá, para papá, para los abuelos y para mis hermanos. Salud. Salud. Salud. Y aquel anhelo infantil se convirtió en tradición a base de desgastarlo cada año al soplar las velas, como si el miedo a desear otra cosa que no fuera salud, pudiera arrebatarme lo más preciado. Nunca he querido otra cosa que tener a mi lado a quien quiero, aunque a veces sea difícil la convivencia con ellos. Pero, un buen día comprendí que tampoco estaba en mi mano repartir la suerte entre mis seres queridos, y, entonces, me dediqué a quererles mucho mientras la vida me otorgara el inmenso privilegio de tenerles a mi lado. Nunca he querido otra cosa que sentir eternamente ese cosquilleo en el estómago de los primeros besos, esa burbuja de placer al darle la mano a la persona amada, ese regocijo, casi arrogante, de experimentar y presumir el amor correspondido, durara lo que durara.

Ya ves, nunca he querido otra cosa que ser feliz, y desde que tú estás conmigo, no he querido otra cosa que qué elijas compartir tu felicidad junto a mí.

Texto: JulitaErre (Dinamita en los ojos)

Instagram: @JulitaErre

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