Silencio

TSMC456Hay silencios que dijeron más que miles de palabras. Miradas que se cruzaron y que fueron incapaces de articular una sola palabra. Suspiros que valieron más que champán y rosas.

Lo que nunca nos dijimos fue, sin quererlo, el final de nuestra historia. Nuestro punto y aparte al que nunca persiguió un párrafo más. El silencio fue el último verso del soneto que no fuimos capaces de terminar.

Y eso que nos cruzamos. Tantas y tantas veces, entre tanta gente, entre tanto ruido. Nos miramos, pero nunca quisimos vernos. Porque no tenía sentido, porque cualquier sonido hubiese empañado la solemnidad de las despedidas repetidas.

Pese a que lo intentamos. Sí, vaya que si lo intentamos. Del derecho y del revés, del suelo al cielo, de los tejados a los infiernos. Y viceversa. Pero no pudo ser, y tuvimos que venderlo todo para pagar las copas de los bares que nos prometían olvidar sin conseguirlo.

Nos rendimos. Izamos banderas sobre los mástiles de todos aquellos que intentaron reflotar un barco herido desde la popa con fuego y sal. Aunque lo intentamos, los dos salimos ardiendo. Llenos de fósforo y con tanto oxígeno, que fue imposible escapar.

Después, la lluvia. Los días grises, las noches en vela y las madrugadas de insomnio con alcohol para las heridas. El vaho en los cristales de los coches en los que se encendían llamas que no podían arrasar con lo vivido.

Pero aun así, ninguno pudo rematar. Lo rozamos. Estuvimos a punto de rodar el final esperado, el de las lágrimas y los abrazos que nunca volverían a repetirse.

No hubo tiempo de tomas falsas. El silencio nos invadió y se convirtió en el protagonista del que hoy es el soliloquio de nuestras vidas.

Anuncios