Terminal T-Ú

TSMC332

Por A.S.

Esperarte en la terminal más triste del mundo. En mitad de tantas despedidas, de tantas lágrimas de distancias, de arrebatos de besos que pueden ser los últimos. O los primeros.

Contemplar la pantalla de llegadas, buscando calmar a los segundos que se restan lentamente al momento de volver a verte. Esquivar los retrasos, las cancelaciones, las huelgas que retrasan la magia de los reencuentros de kilómetros que se dividen a 10.000 pies.

Fuera llueve. No, no llueve. Diluvia. Y yo sin más paraguas que el abrazo que cuido entre mis brazos para que no se rompa al ver tus ojos rasgados. Mis labios se cortan de pensar en tu sonrisa, la más bonita de todo Madrid. Mis pupilas se dilatan al imaginar tu lunar brillando como la Marilyn más felizmente infeliz.

TSMC333La rosa que esconden mis manos se muere de ganas de rozar tu nariz. La carta que resume todo lo que te he echado de menos se diluye con la tinta de tanto dentro. De todo lo que quiero decirte en tan poco tiempo. En los pocos segundos que me dejarás hablar, entre besos y más besos.

La cena que nos espera en casa. Las velas, listas para incendiar el romanticismo de tus dedos con mis dedos. La comida encargada al chino, con aquellos palillos que trajiste de un viaje a Egipto. Las pirámides de tantas historias que me querrás contar. Todo aquello que escucharé mientras busco y encuentro aquello que me enamoró de ti. Tus ojos.

La noche. Las sábanas, tu pelo entre mis dedos. Nuestras cabezas, a medio camino entre las piernas. Nuestros cuerpos, uno más uno, que no suman ni restan. Que unen todo lo que los kilómetros han intentado separar. Nuestras manos, jugando a ser la chispa que nos inunde de relámpagos de placer.

La vida. A tu lado. Al otro lado. En la terminal de llegadas. Y en la de salidas. Por la mañana, a mediodía. Con aperitivo y a dieta. Por la tarde, sin siesta. De noche, con tu cabeza sobre mi pecho. Cualquier lugar, cualquier instante, cualquier día. Pero a tu lado.

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