Unos infelices que sonríen en fotos de perfil

Por A.S.

  Nunca quise la fama de los flashes que ciegan las verdades sin maquillaje. No, me negué. No perseguí aquello que no era si estaba desnuda.

Escapé del éxito medido en cifras, de las películas sin improvisación. Huí de las canciones baratas de las cuatro de la tarde en la radio. Esquivé las fotos que solo buscaban corazones que no latían.

Nunca quise la fama de los seguidores. Yo siempre te seguí a ti, a todo aquello que respiraba cuando estaba dormida, sobre tu pecho. Mi instinto siempre me dijo que pasear contigo en vaqueros y Converse, sin llamar más atención que la de mis ganas de comerte a besos en cualquier esquina, valía más que cualquier contrato publicitario.

Me sequé el pelo sin planchármelo después, dejando que mis rizos ocupasen el espacio que quisieran, siempre y cuando lo compartiese contigo. Me pinté las uñas de colores, sin importarme las modas.

  Nunca quise la fama de la eternidad. Yo la eternidad la quería contigo, a tu lado. Sin ningún retuit más que el de un nuevo día más viéndote afeitarte desnudo frente al espejo. Sin más me gustas que bailar sobre el colchón, con menos estilo que cualquier famoso en un concurso de baile.

Soñé con una película en la que tú fueses mi protagonista. Sin efectos especiales. Sin mucho presupuesto. Sin ningún cliché, sin ningún guión. Con el único objetivo de improvisar, de improvisarte. De buscarte todas las noches entre mis sábanas y encontrar tus labios.

Nunca quise la fama del poder. Yo me conformé con poder hacerte sentir una milésima parte de lo que tú me hiciste sentir. Y lo conseguí.

Y aquí estamos, en una ciudad cualquiera, sobre la que poder trazar nuestra vida sin límites y sin obligaciones. Sin las fronteras que marcan todos aquellos a los que, queriendo gustar, nos convierten en unos infelices que sonríen en fotos de perfil.

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